| ¿Por qué la cultura de los transgénicos no cala en la agricultura valenciana? |
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10 de febrero de 2010
En los últimos años se han generalizado movimientos que, amparados en una supuesta seguridad alimentaria o el impacto ambiental, proclaman las críticas a los productos sometidos a ingeniería genética y llaman a su rechazo. La UPA-PV cree que el desprestigio de forma global a estos productos no sólo crea confusión en la sociedad sino que impide un necesario debate sobre la cuestión. Si algo tiene claro la UPA-PV es que al igual que hay que tener cuidado con la posible demonización de los alimentos transgénicos, no debemos abrirles las puertas sin control. Así, es necesario que las administraciones legislen y vigilen este cultivo para beneficio de consumidores, y también de los agricultores tradicionales, dada las dudas que surgen de la coexistencia en espacios cercanos de cultivos trangénicos y tradicionales. En opinión de la UPA-PV es la Comisión Nacional de Biovigilancia, creada en 2003, la encargada de toda esta complicada tarea. Entre sus competencias se encuentra asesorar sobre organismos modificados genéticamente, el seguimiento a variedad transgénicas y velar por la coexistencia de éstas con cultivos tradicionales y ecológicos. Paradójicamente, dada la creciente preocupación, la Comisión no se ha reunido desde hace cuatro años.
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La alteración de las características genéticas de los productos agropecuarios ha sido constante desde el neolítico, lo que ocurre es que en la actualidad esta alteración se ha tecnificado y mejorado hasta límites insospechados hace tan sólo unas décadas. Contrariamente a lo que se piensa, no podemos afirmar que la cultura transgénica no esté calando en la agricultura. En realidad, los datos apuntan a que 80.000 hectáreas en España cultivan este tipo de productos, alrededor 10% de la superficie total.
Firmado: Rafael Cervera Calduch, secretario general de la UPA-PV.